Friday, 17 April 2020

El regreso de la trampa de la deuda y la adicción consumista [MARTIN C., J.M.]

José-Manuel Martin Coronado
Jefe de Estudios Económicos
EMECEP Consultoría

El Perú no es un país pobre. Tiene riqueza natural, cultural y solvencia financiera. Finalizada la década de los años 90, el Perú dejó de ser un país pobre para ser un país de ingreso medio bajo y posteriormente un país de ingreso medio "acomodado". El gran problema es la pésima gestión de los recursos públicos y la ausencia de la Ley y el orden en un gran sector de la población. A pesar de las reformas y el crecimiento prolongado, esta situación estructural no ha cambiado, incluso a empeorado. 

Existen muchas trampas en una economía como la peruana. Diferentes a la de subsistencia cuando era un país cerca del umbral de la pobreza. En este caso, la gestión intertemporal de la deuda, así como la sostenibilidad de la misma. Toda la brillantez a nivel de recurso humano que puede existir en los cuadros medios y altos del Estado se ve afectada por los problemas estructurales antes indicados. Y aún más, por el exceso de confianza en el mediano y largo plazo, o las notorias faltas a la verdad para la gestión de las expectativas de los agentes económicas. Para un profesional de las finanzas, suele ser más importante la identificación de márgenes positivos antes que productividad en el uso de los recursos, entendiendo que la misma no necesariamente está asociada con los retornos.

Al finalizar el año 2019, la deuda pública peruana ascendía a 200 mil millones de soles, aproximadamente 60 mil millones de dólares.  Esto equivale aproximadamente a 27% del PBI, de lo cual puede deducirse que se encuentra en 220 mil millones de dólares. Existen países que fácilmente puede manejar un nivel de endeudamiento de más de 100%, aunque en el caso peruano, lo máximo que se ha llegado es al 60% contando desde la década de los años noventa, según se recuerda de las Memorias del BCRP (2000). 


A pesar del alarmante porcentaje, la deuda no superó los 20 mil millones de dólares (70 mil millones de soles aproximadamente). Esto quiere decir que la deuda actual asciende a casi 3 veces más que la deuda máxima que se tuvo en la década de los años 90, según estadísticas del BCRP (Memoria, 2000).

Indudablemente, el tamaño de la economía peruana ahora permite que la deuda sea nominalmente el triple del máximo "histórico", pero tres cuartos de dicho importe como porcentaje del PBI. No obstante, no se debe pecar de optimista, dado que el PBI tiene un fuerte componente cíclico y dependiente del consumo, mientras que la deuda no, suele ser acumulativa, como el coronavirus. 

En efecto, este no ha sido precisamente el mejor momento para incrementar el endeudamiento, dado que se observa una tendencia muy creciente desde inicios del año 2015, a pesar de que el reciente endeudamiento reciente de 3 mil millones de dólares (10 mil millones de soles) represente esencialmente sólo el 5% del saldo a la fecha.  Estos indicadores sugieren que si se hubiera aceptado la oferta del mercado de 25 mil millones de dólares (85 mil millones de soles), la deuda habría aumentado en 42%. Además de ello, este incremento de la Deuda ha sido superior al crecimiento del PBI, lo cual no es bueno, a pesar de lo que el Gobierno diga.



Ahora bien. tomando en cuenta que el Consejo Fiscal ya estaba advirtiendo dicho incremento desde el año 2013, precisando que el servicio de deuda es un factor de riesgo, el cual suele aumentar más que proporcionalmente que el saldo de deuda. Si bien el Perú tiene solvencia y disciplina financiera, eso no quiere decir que la tenga siempre, ó que los indicadores se les salgan de las manos. Al igual que cualquier persona, un mayor endeudamiento implica un mayor riesgo. Y acercarse progresivamente al techa del 50% ó 60% puede ser preocupante, independientemente de las buenas condiciones de endeudamiento.

Esto revela otro problema estructural: La informalidad tributaria. El Perú sabe que no puede presionar más a los contribuyentes ó potenciales contribuyentes, por lo que debe acudir a la deuda. En realidad, la fuente de financiamiento más económica deberían ser los recursos ordinarios y afines, que implican un verdadero desempeño productivo del Estado. Este no es el caso, ni lo será en los próximos años. 

De este modo, el Estado peruano está "hipotecado", pendiente de reclamo en un futuro. Los horizontes de endeudamiento son de plazos largos, superiores a 10 años (incluso a 14 años), pero las perspectivas de crecimiento aún no sugieren que se crezca a un nivel por encima del potencial, en condiciones normales previo a la crisis del Coronavirus. 

Es cierto que aún habrá flujo de caja, incluso existirá en caso se pueda continuar con el roll over, pero el costo de oportunidad es alto. Es deuda para financiar un Estado más presente en la economía peruana, pero no necesariamente más productivo. Una planilla estatal que no cesa de crecer. No hay recursos ordinarios suficientes para sostener dicho crecimiento en los próximos años, ni norma que lo impida realmente. Sin embargo, poco o nada de eso importa a las nuevas generaciones. 

La trampa de la deuda regresa. Sólo es cuestión de tiempo. Esperemos que cuando sea el momento, haya otro Baker u otro Brady para ayudar al Estado que peca de optimisma, de sobre-auto-valoración y ya se acostumbró a financiar sus gastos personales pasando la tarjeta. Y los inversionistas y agentes financieros son como los call centers que les interesa más sus comisiones que la real viabilidad de la deuda, dada la posibilidad de reventa ó el empaquetamiento. Es una trampa, tal como lo son las tarjetas de tiendas por departamento, pero con efectos negativos sobre todos los peruanos, excepto los del sector público, por lo menos hasta que llegue un Gobierno de austeridad, que los ponga en su sitio.  

No comments:

Post a Comment